Comala

21 abril, 2019

Yo imaginaba ver aquello a través de los recuerdos de mi madre; de su nostalgia, entre retazos de suspiros. Siempre vivió ella suspirando por Comala; pero jamás volvió. Ahora yo vengo en su lugar. Traigo sus ojos con que ella miró estas cosas, porque me dio sus ojos para ver: “Hay allí, pasando el puerto de los Colimotes, la vista muy hermosa de una llanura verde, algo amarilla por el maíz maduro. Desde ese lugar se ve Comala, blanqueando la tierra, iluminándola durante la noche.” Y su voz era secreta, casi apagada, como si hablara consigo misma… Mi madre.

Juan Rulfo, Pedro Páramo, 1955.


La conquista de la permanencia

20 noviembre, 2018

Dijo que hay un pez en ese mismo río que las aguas no quieren y él, el pez, debe pasar la vida, toda la vida, como el mono, en vaivén dentro de ellas; pero de un modo más penoso, porque está vivo y tiene que luchar constantemente con el flujo líquido que quiere arrojarlo a tierra. Dijo Ventura Prieto que estos sufridos peces, tan apegados al elemento que los repele, quizá apegados a pesar de sí mismos, tienen que emplear  casi íntegramente sus energías en la conquista de la permanencia y aunque siempre están en peligro de ser arrojados del seno del río, tanto que nunca se les encuentra en la parte central del cauce, sino en los bordes, alcanzan larga vida, mayor que la normal entre los otros peces.

Antonio di Benedetto: Zama, 1956.


Zweig sobre Rilke

27 marzo, 2017

De entre los poetas, quizá ninguno vivió de un modo más silencioso, enigmático e invisible que Rilke.(…) Puesto que evitaba el ruido e incluso la fama (esa «suma de todos los malentendidos que se concentran alrededor de un nombre», como dijo él mismo tan bellamente en una ocasión), la ola de vanidosa curiosidad que lo acometía sólo salpicaba su nombre pero no a su persona. Rilke era un hombre muy poco accesible. No tenía casa ni dirección donde poderlo visitar, ni hogar, ni residencia fija, ni trabajo estable. Estaba siempre de camino por el mundo y nadie, ni él mismo, sabía de antemano hacia dónde se dirigía. Para su alma inmensamente sensible y susceptible a las presiones, el tomar cualquier decisión, el tener que hacer planes o contestar una notificación era una carga molesta. Por esta razón tropezar con él era siempre una pura casualidad. (…)

Al igual que el comedimiento en la conducta, también el orden, la limpieza y el silencio eran para él verdaderas necesidades físicas; tener que viajar en un tranvía lleno a rebosar o estar en un local ruidoso lo trastornaba durante horas. La vulgaridad se le antojaba insoportable y, a pesar de vivir con estrecheces, su ropa siempre era el súmmum de la pulcritud, el aseo y el buen gusto. Su indumentaria también era una obra del arte de la discreción, estudiada y meditada, pero siempre provista de una sencilla nota personal, un pequeño accesorio que le complacía en secreto, por ejemplo un pequeño brazalete de plata en la muñeca. Y es que incluso en las cosas más íntimas y personales su sentido estético buscaba la perfección y la simetría. En una ocasión lo estuve observando en su casa mientras hacía las maletas antes de un viaje (había rechazado mi ayuda, y con razón, porque soy un incompetente para esas cosas). Era como hacer un mosaico: cada pieza, engastada casi con ternura en un espacio cuidadosamente reservado; me habría parecido un sacrilegio deshacer aquel conjunto floral con mi intervención. Y este elemental sentido de la belleza lo acompañaba hasta en el detalle más insignificante; no sólo escribía sus manuscritos con cuidada caligrafía de redondilla en papel de la mejor calidad y mantenía las líneas paralelas entre sí, como trazadas con regla, sino que también para las cartas menos importantes escogía un papel selecto y su letra caligráfica, regular, pulcra y redonda casi llegaba hasta los márgenes. Nunca, ni siquiera cuando la carta era urgente, jamás se permitió tachar una palabra, sino que, cada vez que una frase o una expresión se le antojaba poco afortunada, con toda su inmensa paciencia, volvía a escribir la carta entera. De las manos de Rilke jamás salió una cosa que no fuera absolutamente perfecta.

Ese carácter a la vez mortecino y retraído cautivaba a todos los que lo conocían íntimamente. Tan imposible era imaginarse a Rilke arrebatado como que otra persona, en su presencia, no perdiera su tono chillón y arrogante a causa de las vibraciones que emanaban del silencio del poeta. Pues su actitud retraída vibraba con una fuerza moral que proseguía misteriosamente su labor educadora. Tras una larga conversación con él, uno era incapaz de cualquier vulgaridad durante horas e incluso días.

Stefan Zweig: El mundo de ayer,  1942.
(Trad. A. Orzeszek y J. Fontcuberta)


Ser mayor, ser memoria

22 noviembre, 2016

…aquellas vecinas deslenguadas y con rulos en la cabeza, enfermas de irrealidad y de rojos sabañones, trajinando baldes de agua en la fuente agobiada de avispas y habladurías; aquel certamen de infamias contra su madre una tarde de invierno que él sintió cómo se rompía bruscamente una burbaja de luz en su cerebro y se dijo: ya soy mayor, ya soy memoria y a partir de hoy no podréis conmigo, brujas.

Juan Marsé, Si te dicen que caí, 1973.


Lo que vale un peine

16 agosto, 2016

Nada más triste que saber que uno sabe escribir, pero que no necesita decir nada de particular, nada en particular, ni a los demás ni a sí mismo. Vale.

Jaime Gil de Biedma, Diarios, (1956-1985).


Mar fosforescente/La vastedad del tiempo

11 julio, 2016

Mar fosforescente_Escher

Lo importante es creer firmemente en la vastedad del tiempo.

Jaime Gil de Biedma, Diarios (1956-1985).


Neural darwinism

9 abril, 2016

When I walked back to my hotel after dinner with Gerry that evening, I found myself in a sort of rapture. It seemed to me that the moon over the Arno was the most beautiful thing I had ever seen. I had the feeling of having been liberated from decades of epistemological despair -from a world of shallow irrelevant computer analogies into one full of rich biological meaning, one which corresponded with the reality of brain and mind. Edelman’s theory was the first truly global theory of mind and consciousness, the first biological theory of individuality and autonomy.
I thought, “Thank God I have lived to hear this theory.” I felt as I imagined many people must have felt in 1859 when the Origin came out. The idea of natural selection was astounding but, once one thought about it, obvious. Similary, when I grasped what Edelman was about that evening, I thought, “How extremely stupid of me not to have thought of this myself!” just as Huxley had said after reading the Origin. It all seemed so clear suddenly.

Oliver Sacks, On the Move, 2015.