Convertirse en M. Teste

13 septiembre, 2015

Pourquoi M. Teste est-il impossible? —C’est son âme que cette question. Elle vous change en M. Teste.

(¿Por qué es imposible M. Teste? Esta pregunta es justamente su alma. Lo convierte a uno en M. Teste.)

Paul Valéry, Monsieur Teste, 1919 et 1946.


El Silos, Trieste

31 agosto, 2015

Conocí así por primera vez el Silos, donde vivían acampados miles de refugiados istrianos, dálmatas o de Fiume con nosotros. Era un edificio inmenso de tres pisos, construido durante el imperio de los Habsburgo como depósito de semillas de cereales, con una amplia fachada adornada con un rosetón y dos largas alas entre las que se abría una especie de patio interior, donde los niños iban a jugar en tropel y las mujeres tendían la colada. El exterior de este edificio es aún hoy visible cerca de la estación del tren.

La planta baja, el primer piso y el segundo estaban casi por completo sumidos en la oscuridad. El tercero, en cambio, estaba iluminado por unas grandes claraboyas que había en el techo, que no se podían abrir. En cada piso, el espacio se encontraba subdividido por tabiques de madera en muchos y pequeños compartimentos, llamados box, que se disponían sin interrupción como las celdas de una colmena. Entre ellos se abrían calles principales y callejuelas secundarias de enlace. (…)

Entrar en el Silos era como entrar en un paisaje vagamente dantesco, en un nocturno y humeante purgatorio. De los box se elevaban vapores de cocción y olores disparatados, que se unían hasta formar uno intenso, característico, indescriptible, una mezcla dulzona y rancia de olor a sopa, a coles, a fritos, a sudor y a hospital.

Marisa Madieri, Verde agua, 1987.
Trad. Valeria Bergalli


Comidas familiares (significante y significado)

25 agosto, 2015

Anyway, the four of us tended to eat our family meals sitting cross-legged on the edges of that bed. We faced opposite walls, our backs together, looking like some four-headed totem, our plates balanced on the spot of quilt between our legs. Mother called it picnic-style, but since I’ve been grown, I recall it as just plain odd.  I’ve often longed to take out an ad in a major metropolitan paper and ask whether anybody else’s family ate back-to-back in the parents’ bed, and what such a habit might signify.

Mary Karr: The Liars’ Club, 1995


Carta de Francesco Petrarca a Giovanni de Incisa comisionándole que busque libros (1346)

21 abril, 2015

Por ejemplo, Marcos Varo se convirtió en mi queridísimo amigo gracias a Academica de Cicerón; en su De officiis oí hablar de Enneo por vez primera y mi amor por Terencio nació cuando leí las Tusculanae Disputationes . Supe de los Origines de Catón y del Oeconomicus de Xenofonte gracias a De Senectute de Cicerón, y también en De Officiis leí la traducción hecha por Cicerón de éste último. Asimismo, el Timaeus de Platón me introdujo a la sabiduría de Solón, en tanto que la muerte de Catón me llevó al Phaedro de Platón, y al decreto del rey Ptolomeo que desterró a Hegesias de Cirenea; y me apoyé en Séneca para conocer las cartas de Cicerón, antes de posar mis ojos en ellas. Es más, San Agustín fue quien me indicó que empezara a buscar Contra Superstitiones , el libro de Séneca, y Servio fue quien me habló de la Argonautica de Apolonio. Lactancio fue el primero de entre los muchos que despertaron mi interés en los libros de la República , en tanto que Suetonio y Aulo Gelio hicieron eso mismo en tanto de la Historia de Roma de Plinio y de la elocuencia de Favorino; y el famoso epítome de Anneo Floro me inspiró asimismo a buscar los fragmentos sobrevivientes de Livio. Omito las obras más famosas, generalmente conocidas, que no necesitan que nadie hable de ellas -aun cuando, de hecho, dejan una impresión más profunda en nuestra mente cuando las apoya un testigo de calidad- como el conocido tributo a la preeminente elocuencia de Cicerón y la notable eulogía que Séneca hace a su genio en Controversiae, así como la descripción de Eusebio sobre el notorio don de la palabra de Virgilio, citado en Saturnalia , también el humilde tributo rendido con reverencia a la Eneida de Virgilio por el poeta Papiniano Estacio cuando manda su Thebaid al mundo con la orden de “seguir desde lejos esos pasos benditos”; igualmente famoso es el tributo que Horacio -quien, de hecho, habla por todos- rinde a Homero, el príncipe de los poetas. No es preciso decir más, pues no terminaría si recordara todos los libros cuyos nombres me resultaron nuevos y que anoté de mis lecturas de Prisciano el gramático.

(…) os ruego, si me amáis, buscad personas educadas y confiables y enviadlas a recorrer la Toscana, a vaciar los libreros de los monjes y todos los demás estudiosos, para ver si sale algo a la luz que sirva para saciar -o debería decir aumentar- mi sed. Conocéis bien cuáles son los lagos en los que suelo pescar y los refugios que descubro, mas, no obstante, con esta carta os envío una lista por separado de lo que quiero en particular, de tal manera que no cometáis error alguno; y para brindaros prueba de vuestro valor, os diré que he dirigido la misma petición a mis demás amigos en Inglaterra, Francia y España. Esforzaoos para que no parezca que quedáis a su zaga en diligencia y buena disposición. Con este comentario me despido de vos.

FRANCESCO PETRARCA

(Subrayada y destacada libremente por caminosdispersos)


Trois nègres, quatre Anglais, quatre Genevois et un professeur allemand nommé Robeck.

11 abril, 2015

Cien veces he querido suicidarme; mas me sentía con apego a la vida. Acaso esta ridícula flaqueza es una de nuestras propensiones más funestas; ¿hay mayor necedad que empeñarse en llevar continuamente encima una carga que siempre anhela uno tirar por tierra; horrorizarse de su existencia y querer existir, acariciar la serpiente que nos devora hasta que nos haya comido el corazón?

En los países adonde me ha llevado mi suerte, y en los mesones donde he servido, he visto infinita cantidad de personas que execraban su existencia; pero sólo he visto doce que pusieron fin voluntariamente a sus cuitas: tres negros, cuatro ingleses, cuatro ginebrinos y un alemán llamado Robek.

Voltaire, Cándido o el optimismo, 1759.


Que philosopher c’est apprendre à mourir (Autoayuda montaignesca)

1 abril, 2015

…sepamos aguardarla a pie firme, sepamos combatirla, y para empezar a despojarla de su principal ventaja contra nosotros, sigamos el camino opuesto al ordinario; quitémosle la extrañeza, habituémonos, acostumbrémonos a ella. No pensemos en nada con más frecuencia que en la muerte; en todos los instantes tengámosla fija en la mente, y veámosla en todos los rostros; al ver tropezar un caballo, cuando se desprende una teja de lo alto, al más leve pinchazo de alfiler, digamos y redigamos constantemente, todos los instantes: «Nada me importa que sea éste el momento de mi muerte.» En medio de las fiestas y alegrías tengamos presente siempre esta idea del recuerdo de nuestra condición; no dejemos que el placer nos domine ni se apodere de nosotros hasta el punto de olvidar de cuántas suertes nuestra alegría se aproxima a la muerte y de cuan diversos modos estamos amenazados por ella. Así hacían los egipcios, que en medio de sus festines y en lo mejor de sus banquetes contemplaban un esqueleto para que sirviese de advertencia a los convidados…

Michel de Montaigne: Ensayos, 1580.


El irresistible encanto del estructuralismo #1 (Formalismo ruso)

14 marzo, 2015

Si aislamos ahora todas las funciones de este cuento, obtendremos el siguiente esquema:

Morfologia del cuento popular Vladimir Propp Vladimir Propp: Morfología del cuento popular, 1928.