Yo, que tantas mujeres he sido #7

18 enero, 2015

Cada hora que pasa me convierto en una mejor escritora sin obra. En mi relación con la literatura se repiten una y otra vez dos procesos:

1. Busco incansablemente la mejor versión de aquello que yo podría haber escrito de haberme puesto a hacerlo. La búsqueda es ardua, pero hay cosas muy buenas por ahí con las que saciarme y desdoblarme.

2. Encuentro algo extraordinario que pone en cuestión mi identidad de escritora sin obra. Me digo entonces, por eso no soy escritora, porque prefiero ser lectora de esto que escritora incapaz de escribir esto.

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Dept. of Speculation

13 enero, 2015

My plan was to never get married. I was going to be an art monster instead. Women almost never become art monsters because art monsters only concern themselves with art, never mundane things. Nabokov didn’t even fold his own umbrella. Vera licked his stamps for him.

Jenny Offill, 2014.


Now it was just salt, end of the story

6 diciembre, 2014

La infancia es el reino de la incandescencia del significado. La pérdida de este paraíso se fragua en las entrañas de nuestra percepción. Con el paso del tiempo el asombro ante el mar, la hierba, el cielo, el amor, se atenúan hasta dejarnos en última instancia indiferentes, como cuerpos que aún respiran y digieren, mantenidos por un hilo de vida.

En Una muerte en la familia, primer volumen de la autobiografía del noruego Karl Ove Knausgård, Mi lucha, el autor revisita las playas de su infancia sin poder registrar el más mínimo destello de esa incandescencia; toda sensación está barnizada de opacidad y lo que le queda no es más que una resaca del pasado. Si entonces era deslumbrante ver el agua bañando las rocas verdes, si entonces era extraordinario saborear la pureza de la sal marina impregnada en los labios, ahora esa experiencia sensorial revivida “es simplemente sal y punto”:

El mundo era igual, y sin embargo no lo era, pues su significado había sido desplazado y seguía siendo desplazado, acercándose cada vez más a la ausencia total de significado.

Winslow Homer - Shooting the Rapids

Desde que leí en verano este primer tomo de la autobiografía de Knausgård he estado resistiéndome a aceptar que esa segunda (tercera, cuarta, enésima) capa de sal en los labios esté desprovista de significado: esa es la sal en los labios que nos recuerda a la primera sal en los labios, esa es la sal en los labios que nos hace comprender lo que significa vivir y perder. Esa es la sal en los labios por la que se emprende un viaje hacia los confines de la memoria para recuperar el significado primigenio, para recuperar el tiempo perdido.

Para mantenernos verdaderamente vivos hay que lidiar grandes batallas contra la desatención y la desgana. Con el paso del tiempo la grisura y la bruma van conquistando parcelas de nuestro intelecto, formando amorfos continentes sobreentendidos y nunca más revisados, aniquilando la curiosidad y los deseos de crear.

Knausgård registra fríamente la indiferencia ante la sal marina en sus labios cuarteados por la vida y escribe más de tres mil páginas sobre esa vida. Tal vez sea esa “su lucha”: estar en pie de guerra contra la bruma, registrando y midiendo la decadencia, para lograr así que al menos tenga significado.


Entweder/oder

3 enero, 2014

Hay dos órdenes:
-uno en el que se piensa que no merece la pena crear
-otro en el que se piensa todo lo contrario.

Loen Kjendalskronebrae i.e. Kjenndalsbreen Nordfjord Norway 1890-1900

Entre ellos median inestables accesos: la naturaleza, un concierto, un viaje, una película, una lectura, una conversación, una noche de insomnio, una persona, un instante, un espejismo, un estimulante, una vida entera, una ventana.


Sintaxis revolucionaria

17 octubre, 2013

Après mai_ Olivier Assayas_2012

ESPECTADOR: Su película adopta un estilo clásico propio de la burguesía, pero, en un cine revolucionario, ¿no deberíamos adoptar también una sintaxis revolucionaria?

REALIZADOR: Un estilo de ese tipo sería un shock para el proletariado. Nuestra tarea es iluminar.

REALIZADORA: Y esa sintaxis revolucionaria de la que habla nuestro camarada, ¿no es en realidad el estilo individualista de la pequeña burguesía?

Après mai, Olivier Assayas, 2012.

(Pasado el tiempo, ese mismo iluminador del proletariado que rechaza la sintaxis revolucionaria se referirá a unas feministas llamándolas lesbianas. Es lo que tienen los rodillos gruesos: que terminan por despreciarlo todo, primero la sintaxis y luego las más elementales diferencias semánticas.)


La donna angelicata: viaje hacia la nada

29 septiembre, 2013

Es frecuente contrastar los dos grandes sonetos españoles sobre el tópico clásico del carpe diem que Garcilaso y Góngora dirigen a la donna angelicata desde el Renacimiento y el Barroco. Ambos sonetos contienen en sus dos cuartetos iniciales una descriptio puellae selectiva y fragmentaria con los elementos y atributos del ideal clásico femenino.

venus_botticelli_detail ojos

La descripción de la donna angelicata remite a una imagen cultural codificada que deja poco espacio a la imaginación, de tal manera que el único juego posible reside en lo no dicho, que genera sonoros huecos vacíos. La versión garcilasiana de este catálogo de miembros femeninos es armoniosa e impresionista, mientras que la gongorina resulta espasmódica y cubista.

venus_botticelli_detail boca

Representación renacentista garcilasiana (sin boca, sin nariz):

-la color del gesto (de rosa y azucena)

-el mirar ardiente, honesto (que enciende el corazón y lo refrena)

-el cabello (que en la vena del oro se escogió y que el viento mueve, esparce y desordena)

-el cuello (hermoso, blanco, enhiesto)

Representación barroca gongorina (sin ojos, sin nariz):

-cabello (oro bruñido)

-frente (lilio bello)

-cuello (luciente cristal)

-labio (clavel temprano)

Elementos comunes: un esbozo vacío de cuello y cabello, sin rostro, sin cabeza.

Una mujer de cuello blanco y cabellos rubios -envidiados por el sol- recorre los siglos de oro de la poesía española dividida entre el rubor juvenil, la incitación al goce y el pánico mortal. Importada de Italia, esta criatura imposible, enésimo eco del mármol de Helena de Troya, engendro de flores, ángeles, vírgenes y ninfas, viaja en wargburiano movimiento a través de dos ejes: uno vital, de la juventud a la muerte y otro artístico, de la inocencia y frescura poética a la maestría y desintegración formal.

botticelli-primavera-detalle 1482

Si Garcilaso advierte a la joven de mirar ardiente-honesto que “todo lo mudará la edad ligera por no hacer mudanza en su costumbre”, Góngora enciende una mecha dinamitera que avanza geométricamente por todo el soneto hasta la explosión semántica del último verso:

goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lilio, clavel, cristal luciente,

no sólo en plata o vïola troncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

¡Por eso no tiene ojos! ¿Qué clase de mirada se asomaría a ellos? Después de este final, es difícil rescatar a la donna angelicata intacta, por más que se vuelva en bucle al primer verso mientras por competir con tu cabello.


Trances proustianos (via Samuel Beckett) #2

12 junio, 2013

LOS CAMPANARIOS DE MARTINVILLE VISTOS DESDE EL COCHE DEL DOCTOR PERCEPIED

Una vez en casa, me ponía a pensar en otra cosa, y así iban amontonándose en mi espíritu (como se acumulaban en mi cuarto las flores cogidas en mis paseos y los regalos que me habían hecho) una piedra por la que corría un reflejo, un tejado, una campana, el olor de unas hojas, imágenes distintas que cubren el cadáver de aquella realidad presentida que no llegué a descubrir por falta de voluntad. Hubo un día, sin embargo, en que tuve una sensación de esas, y no la abandoné sin haber profundizado en ella un poco (…)

A la vuelta del camino sentí de pronto ese placer especial, y que no tenía parecido con ningún otro, al ver los dos campanarios de Martinville iluminados por el sol poniente y que con el movimiento de nuestro coche y los zigzags del camino cambiaban de sitio, y luego el de Vieuxvicq (…)

Ignoraba yo el porqué del placer que sentí al verlos en el horizonte, y se me hacía muy cansada la obligación de tener que descubrir dicho porqué; ganas me estaban dando de guardarme en reserva en la cabeza aquellas líneas que se movían al sol, y no pensar más en ellas por el momento. Y es muy posible que de haberlo hecho, ambos campanarios se hubieran ido para siempre a parar al mismo sitio donde fueran tantos árboles, tejados, perfumes, sonidos, que distiguí de los demás por el placer que me procuraron y en los que luego no supe profundizar.

En busca del tiempo perdido, I. Por el camino de Swann.

Trad. Pedro Salinas, con algún cambio pronominal.