Lustprinzip

20 abril, 2012

Como se advierte, quien fija el objetivo vital es simplemente el programa del principio del placer; principio que rige las operaciones del aparato psíquico desde su mismo origen; principio de cuya adecuación y eficiencia no cabe dudar, por más que su programa esté en pugna con el mundo entero, tanto con el macrocosmos como con el microcosmos. Este programa ni siquiera es realizable, pues todo el orden del universo se le opone, y aun estaríamos por afirmar que el plan de la “Creación” no incluye el propósito de que el ser humano sea feliz.

Sigmund Freud, El malestar en la cultura, 1929.


Ante el tiempo (taxonomía)

6 febrero, 2012

Según su comportamiento ante el tiempo podemos clasificar a los seres humanos en tres tipos:

1. Apego. Los que en una desigual, inútil y conmovedora batalla contra el tiempo coleccionan cosas, guardan souvenirs y ponen su nombre y fecha en los libros.

2. Desapego. Los que viven cada día en nihilista connivencia con la idea de que el tiempo lo destruye todo, por lo que no coleccionan nada, no guardan souvenirs, ni ponen su nombre y fecha en los libros.

3. Indiferencia. Los que viven de espaldas al tiempo: ni se han rendido ni luchan. No piensan en ello.


Articular, sobrevivir

21 enero, 2012

La estructura es el único medio de escapar al suicidio.

(…)

Creed en la estructura. Creed también en la métrica antigua. La versificación es una poderosa herramienta de liberación de la vida interior.

(…)

Un poeta muerto  ya no puede escribir. De ahí la importancia de seguir vivo.

Michel Houellebecq, Sobrevivir, 1996-97.


La celda de Portbou

5 julio, 2011

Tengo las alas prontas para alzarme, con gusto volvería atrás, porque de seguir siendo tiempo vivo, tendría poca suerte.

Gerhard Scholem, Gruss vom Angelus,  en Walter Benjamin, Über den Begriff von Geschichte, These IX.

La muerte de Walter Benjamin en una habitación de un hostal de Portbou en septiembre de 1940  tiene un halo de misterio. Aunque el certificado de defunción la atribuya a una hemorragia cerebral, generalmente se ha aceptado que se trató de un suicidio. Según relata Scholem,  Benjamin “estaba convencido de que una nueva guerra mundial entrañaría la utilización de gas letal y traería consigo, por tanto, el fin de toda civilización” y durante la aciaga década de 1930 el exilio, la precariedad material, el horror ante los acontecimientos y la decadencia física le hicieron alimentar a conciencia la idea del suicidio.

Hay quien sostiene que Benjamin fue asesinado por agentes estalinistas, pero no existen pruebas que confirmen esa teoría de conspiración. Lo único que tenemos es el testimonio de una mujer que atravesó los Pirineos con él por la ruta Lister,  Henny Gurland, que en una carta  nos lega el angustiado relato de  sus últimos días y su muerte. En Walter Benjamin. Historia de una amistad (1975), Gershom Scholem la reproduce y la toma por “la única noticia auténtica de los sucesos ligados a su muerte”.  Fue escrita el 11 de octubre de 1940 a Arkadi Gurland, un colaborador del Instituto  de Horkheimer y reenviada por Adorno a Scholem en 1941:

…Te habrás enterado sin duda de nuestra espantosa experiencia con Benjamin. Él, Joseph y yo habíamos partido de Marsella para hacer juntos el viaje. Yo había entablado en Marsella bastante amistad con él, de modo que me consideró apropiada como compañera de viaje. En el camino de los Pirineos nos encontramos con la señora Birmann, su hermana la señora Lipmann y la señora Freund, del Tagebuch. Esas doce horas supusieron para todos nosotros un esfuerzo atroz. El camino nos era totalmente desconocido, y en parte tuvimos que recorrerlo trepando a cuatro patas. Por la tarde llegamos a Port-Bou y fuimos a la gendarmería para solicitar nuestro visado de entrada. Durante una hora estuvimos nosotros tres, junto a otras cuatro mujeres, llorando, porfiando, suplicando desesperados ante los funcionarios, mostrando nuestros documentos perfectamente en orden. Todos estábamos catalogados como sans nationalité, y se nos dijo que desde hacía algunos días se había publicado un decreto que prohibía dejar entrar en España a gente sin nacionalidad. Se nos permitió pasar una noche en un hotel, soi-disant bajo vigilancia, y se nos presentaron tres policías que nos debían acompañar a la mañana siguiente hasta la frontera francesa. Yo no disponía de otro documento que mis papeles americanos, para Joseph y para Benjamin, esto significaba el internamiento en un campo de concentración. Así pues, nos retiramos presos de desesperación a nuestras habitaciones. A la mañana siguiente, hacia las 7, la señora Lipmann subió para avisarme de que Benjamin me había llamado. Éste me confesó que la víspera por la noche, hacia las 10, había ingerido grandes cantidades de morfina y que yo debía tratar de presentar el asunto como una enfermedad

No se sabe exactamente dónde están sus restos, porque fue enterrado de manera anónima y cuando Hannah Arendt visitó el cementerio  en 1941 no encontró por ningún lado el nombre de su amigo.  Con el tiempo se improvisó una tumba turística, en vista de que cada vez más  admiradores buscaban un lugar que identificar con el mito. Gershom Scholem no se dejó emocionar por la belleza del lugar y así lo manifiesta al final del libro en el que relata su amistad con Benjamin: “Ciertamente, el lugar es hermoso; pero la tumba es apócrifa.”

Las otras personas que cruzaron los Pirineos con él dibujan la figura de un hombre débil y cansado, aquejado de dolencias cardiacas, que tenía que parar cada diez minutos para descansar porque se asfixiaba. La guía de viaje Lisa Fittko cuenta que iba aferrado a una maleta de la que él decía que contenía su más  valiosa pertenencia. Muchos han querido interpretar, nutriendo el mito benjaminiano, que ahí llevaba las páginas aún no impresas y condenadas a ser póstumas de Las tesis sobre  Filosofía de la Historia, lo cual es bastante lógico, dado que las escribió unos meses antes. Lo qué pasó con esa maleta es otro enigma.

El cuadro de Paul Klee Angelus Novus (1920), que le inspirara la novena reflexión de las Tesis sobre Filosofía de la Historia era otra de las más preciadas pertenencias para Benjamin. Lo compró en 1921 y se lo llevó con él a  su exilio en París,  pero antes de partir para su último viaje lo dejó a cargo de Bataille. Acaso su ángel de la Historia, el que se ve arrastrado por un huracán hacia el futuro sin poder virarse hacia adelante porque contempla horrizado el pasado que se aparece como “una catástrofe única” que se amontona hasta el cielo, sepa exactamente cómo murió Walter Benjamin, si es que pudo mantener sus desorbitados ojos abiertos.


La-lará-larito (Suicide is painless)

4 julio, 2011

Through early morning fog I see
visions of the things to be
the pains that are withheld for me
I realize and I can see…
that suicide is painless
it brings on many changes
and I can take or leave it if I please.
The game of life is hard to play
I’m gonna lose it anyway
The losing card I’ll someday lay
so this is all I have to say.
Suicide is painless
it brings on many changes
and I can take or leave it if I please.
The sword of time will pierce our skins
it doesn’t hurt when it begins
but as it works its way on in
the pain grows stronger…watch it grin.
suicide is painless
it brings on many changes
and I can take or leave it if I please.
A brave man once requested me
to answer questions that are key
is it to be or not to be
and I replied ‘oh why ask me?’
Suicide is painless
it brings on many changes
and I can take or leave it if I please…
And you can do the same thing if you please…


El suicidio de Lucrecia

3 junio, 2011

Según la versión que nos brinda Tito Livio en  Ab urbe condita (I, 57-58), Lucrecia era la hermosa y virtuosa mujer de Tarquinio Colatino, sobre cuya virtud éste apostaba en los campamentos con sus compañeros de guerra. Una noche, Sexto Tarquinio, enamorado de la belleza de Lucrecia y deseoso de mancillar tanta pureza, se metió en su lecho  cuando ella dormía sola y la violó, amenazándola con una espada. Lucrecia no pudo soportar la ofensa y se suicidó ante su esposo y su padre, haciéndoles  prometer a éstos que vengarían su honra perdida. Antes de clavarse un cuchillo en el corazón dijo estas aciagas palabras:

“Por mi parte, aunque me absuelvo de culpa, no me eximo de castigo; en adelante ninguna mujer deshonrada tomará a Lucrecia como ejemplo para seguir con vida.”

Se absuelve de culpa, pero no se exime de castigo. Todas las mujeres del mundo te deben tanto, Lucrecia.

Lucas Cranach el Viejo,1518

Lucas Cranach el Viejo, 1525-1530

Lucas Cranach el Viejo, h. 1530 (?)

Lucas Cranach el Viejo, 1532

Lucas Cranach el Joven, h. 1537

Lucas Cranach el Joven, 1548


En torno al suicidio

3 junio, 2011

Crepúsculo matutino 25 de enero (1918)

El suicida es el prisionero que ve levantar un patíbulo en el patio de la prisión, cree erróneamente que está destinado a él, se escapa esa noche de su celda, baja y se ahorca él mismo.

Franz Kafka, Cuadernos en octavo.

No me suelta este fragmento kafkiano -metáfora múltiple y devastadora- desde que lo leí hace unos meses. Encierra una oscura visión de la vida, que a su vez se funde con un estéril optimismo. Oscura visión porque la vida del suicida prisionero es la vida de cualquiera -al fin y al cabo todos somos suicidas en potencia-; estéril optimismo por el error en la anticipación de la catástrofe: el patíbulo es para otro.

Si el prisionero pudo escapar de su celda para ahorcarse, ¿por qué no decidió escapar para no ahorcarse, es decir, para vivir?

¿Tal vez porque vivir sería volver -voluntariamente, aunque sin escapatoria- a la celda del patíbulo?