Deutschland, 1945

28 marzo, 2013

Lo que ven supera en horror a cuanto pudo concebir la imaginación humana. Hablo de nuestra deshonra, de nuestra ignonimia. ¿Es acaso pura hipocondría decirse que todo lo alemán, incluso el espíritu alemán, el pensamiento alemán, la palabra alemana se encuentran manchados y puestos en entredicho por esta deshonrosa exhibición? ¿Es acaso signo de susceptibilidad enfermiza preguntarse cómo podrá en el futuro “Alemania”, bajo cualquiera de sus formas, tomarse la libertad de intervenir en las cosas humanas?

Thomas Mann: Doktor Faustus, 1947

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Contra Baruch Spinoza

3 febrero, 2013

Por decreto de los ángeles y por el juicio de los santos, excomulgamos, expulsamos, execramos y maldecimos a Baruch Spinoza, con el consentimiento de Dios bendito y con el de toda esta comunidad, delante de los libros de la Ley (…); que sea maldito de día y maldito de noche; maldito cuando se acueste y maldito cuando se levante; maldito cuando salga y maldito cuando entre; que Dios no lo perdone;  que su cólera y su furor se inflamen contra este hombre y arrojen sobre él todas las maldiciones escritas en el Libro de la Ley; que Dios borre su nombre del cielo y lo separe de todas las tribus de Israel (…).

Herem de la Sinagoga de Amsterdam del 27 de julio de 1656, decreto de excomunión a Baruch Spinoza.


Vigilancias infinitesimales

1 noviembre, 2012


El sexo es, a la vez, acceso a la vida del cuerpo y a la vida de la especie. (…) Por ello, en el siglo XIX, la sexualidad es perseguida hasta en el más ínfimo detalle de las existencias; es acorralada en las conductas, perseguida en los sueños, se la sospecha en las menores locuras, se la persigue hasta los primeros años de la infancia; pasa a ser clave de la individualidad, y a la vez permite analizarla y resulta posible amaestrarla. Pero también se convierte en tema de operaciones políticas, de intervenciones económicas (mediante incitaciones o frenos a la procreación), de campañas ideológicas de moralización o de responsabilización: se la convierte en índice de fuerza de una sociedad, revelando así tanto su energía política como su vigor biológico. (…)

De ahí la importancia de las cuatro grandes líneas de ataque a lo largo de las cuales avanzó la política del sexo desde hace dos siglos. (…): la sexualización del niño (…), la histerización de las mujeres, (…), el control de los nacimientos y la psiquiatrización de las perversiones(…).

Michel Foucault, Historia de la sexualidad. Vol. 1: La voluntad de saber, París, 1976.


El Mal según Machado (el luminoso)

20 mayo, 2012

POR TIERRAS DE ESPAÑA

El hombre de estos campos que incendia los pinares
y su despojo aguarda como botín de guerra,
antaño hubo raído los negros encinares,
talado los robustos robledos de la sierra.

Hoy ve a sus pobres hijos huyendo de sus lares;
la tempestad llevarse los limos de la tierra
por los sagrados ríos hacia los anchos mares;
y en páramos malditos trabaja, sufre y yerra.

Es hijo de una estirpe de rudos caminantes,
pastores que conducen sus hordas de merinos
a Extremadura fértil, rebaños trashumantes
que mancha el polvo y dora el sol de los caminos.

Pequeño, ágil, sufrido, los ojos de hombre astuto,
hundidos, recelosos, movibles; y trazadas
cual arco de ballesta, en el semblante enjuto
de pómulos salientes, las cejas muy pobladas.

Abunda el hombre malo del campo y de la aldea,
capaz de insanos vicios y crímenes bestiales,
que bajo el pardo sayo esconde un alma fea,
esclava de los siete pecados capitales.

Los ojos siempre turbios de envidia o de tristeza,
guarda su presa y llora la que el vecino alcanza;
ni para su infortunio ni goza su riqueza;
le hieren y acongojan fortuna y malandanza.

El numen de estos campos es sanguinario y fiero:
al declinar la tarde, sobre el remoto alcor,
veréis agigantarse la forma de un arquero,
la forma de un inmenso centauro flechador.

Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta
—no fue por estos campos el bíblico jardín—:
son tierras para el águila, un trozo de planeta
por donde cruza errante la sombra de Caín.

Antonio Machado, Campos de Castilla (1912-17)


El suicidio de Lucrecia

3 junio, 2011

Según la versión que nos brinda Tito Livio en  Ab urbe condita (I, 57-58), Lucrecia era la hermosa y virtuosa mujer de Tarquinio Colatino, sobre cuya virtud éste apostaba en los campamentos con sus compañeros de guerra. Una noche, Sexto Tarquinio, enamorado de la belleza de Lucrecia y deseoso de mancillar tanta pureza, se metió en su lecho  cuando ella dormía sola y la violó, amenazándola con una espada. Lucrecia no pudo soportar la ofensa y se suicidó ante su esposo y su padre, haciéndoles  prometer a éstos que vengarían su honra perdida. Antes de clavarse un cuchillo en el corazón dijo estas aciagas palabras:

“Por mi parte, aunque me absuelvo de culpa, no me eximo de castigo; en adelante ninguna mujer deshonrada tomará a Lucrecia como ejemplo para seguir con vida.”

Se absuelve de culpa, pero no se exime de castigo. Todas las mujeres del mundo te deben tanto, Lucrecia.

Lucas Cranach el Viejo,1518

Lucas Cranach el Viejo, 1525-1530

Lucas Cranach el Viejo, h. 1530 (?)

Lucas Cranach el Viejo, 1532

Lucas Cranach el Joven, h. 1537

Lucas Cranach el Joven, 1548


Genealogía del mal (IV): Pandora

25 mayo, 2011

La pobre Pandora, creada por Hefesto por encargo de Zeus  para vengarse de los hombres por la ofensa de Prometeo, fue la primera mujer de la mitología clásica. Criatura funesta, dotada al mismo tiempo de una misteriosa caja cerrada  llena de infortunios y de una irresistible curiosidad, fue diseñada para seducir y distraer al hombre con su belleza a la vez que esparcía el mal y la desgracia  sobre la faz de la tierra.


El canto de las Sirenas

6 noviembre, 2010

Primero llegarás a las Sirenas, las que hechizan a todos los hombres que se acercan a ellas. Quien acerca su nave sin saberlo y escucha la voz de las Sirenas ya nunca se verá rodeado de su esposa y tiernos hijos, llenos de alegría porque ha vuelto a casa; antes bien, lo hechizan éstas con su sonoro canto sentadas en un prado donde las rodea un gran montón de huesos humanos putrefactos, cubiertos de piel seca. Haz pasar de largo a tu nave y, derritiendo cera agradable como la miel, unta los oídos de tus compañeros para que ninguno de ellos las escuche. En cambio, tú, si quieres oírlas, haz que te amarren de pies y manos, firme junto al mástil -que sujeten a éste las amarras-, para que escuches complacido la voz de las dos Sirenas; y si suplicas a tus compañeros o les ordenas que te desaten, que ellos te sujeten todavía con más cuerdas.

Homero, La Odisea, Canto XII. Trad. J.L. Calvo.

Odiseo reconoce la superioridad arcaica del canto en la medida en que, ilustrado técnicamente, se deja atar. Él se inclina ante el canto del placer y frustra a éste como a la muerte. El oyente atado tiende hacia las Sirenas como ningún otro. Sólo que ha dispuesto las cosas de tal forma que, aún caído, no caiga en su poder. (…) Las Sirenas  tienen lo que les corresponde, pero está ya neutralizado y reducido en la prehistoria burguesa a la nostalgia de quien pasa delante sin detenerse. (…) A partir del encuentro felizmente fallido de Odiseo con las Sirenas, todos los cantos han quedado heridos, y toda la música occidental padece el absurdo del canto en la civilización, que sin embargo es al mismo tiempo la fuerza que mueve toda la música artística.

M. Horkheimer y T. Adorno,  Dialéctica de la Ilustración, 1944. Trad.  J.J. Sánchez.